Urweltweisheit.
(Periplo analéptico
hacia la constitutividad de las razas raíz)
Evolutividad
macrohiero-antroposófica.
(Responsos a Roudolph Stainer).
Es ésta aventura
indagatoria, una suerte de enmienda argumental, cuya formalidad ensayística se
adentra a una arqueología gnóstica,
no sin la procura de conferir a la teoría
evolucionista (del señor Stainer), un viso que, si bien no refuta el
argumento, sí le otorga otro matiz. De conformidad con esto, el planteamiento
ministrado por el iniciador del movimiento
antroposófico, lejos de ser mistificado, es sometido a una criba crítica, tras
la cual, sus posturas reciben un tratamiento de índole perceptualista, léase, relativo a la evolución de la percepción
desde el fuero de la conciencia.
Por consiguiente,
todo el decurso exegético que el pensador alemán desenvuelve respecto a los estadios previos entorno a lo que
actualmente se conoce como cosmos, así como sus procesos evolucionales, en lo
tocante a filogenia y su diversidad de avatares, es focalizado no sin el debido
paralelismo temático: desde una perspectiva donde se equipara el desarrollo de
la percepción con la visión evolucionalista.
De conformidad con
esto, huelga inquirir, ¿sería un paralogismo osar comparar el proceso
filogenético – en tanto decurso evolutivo – con el desenvolvimiento noético-noemático de
la conciencia, en relación a su cualidad perceptiva? Mi criterio esclarece que,
ambos trayectos son implícitos y, más aun, estimo emplazar como precursora a la
percepción: antetipo de lo sucesivo, léase, de lo meramente biológico.
I
Por un clamor de
inminencia esteticista, se antoja pertinente conmemorar la siguiente asunción figurativa:
“En virtud de <lo que percibe> (perceptibilidad), se sucede <el objeto
de la percepción>, sin así desestimar que, la percepción, adquiere sus
atributos merced a un ‘rango de suficiencia’ u objeto calificante, el cual, en esencia, promana de sendas
estructuras antetípicas.”[1]
En términos menos
conspicuos: <lo que percibe> se sabe una potencia abstracta, inmersa
dentro de la capacidad sensoperceptiva y que, desde su inasibilidad e
invisibilidad, objetiviza al <objeto de la percepción>, no siendo
entreambos más que unívoca substancia cuya proteicidad
(cualidad de ser proteica) se califica interactivamente.
II
La proteicidad
substancial.
<<Loa estados
sucesivos>> de lo que, contemporáneamente suele denominarse “materia”, en
su quididad, más que obedecer al supuesto de un itinerario de comprobaciones
fácticas, responden a uno de índole semántica.
De esa cuenta, ‘eso’
que los físicos intitulan como <tierra>, ¿al caso no es objeto de una
reducción semiológica, de la cual se infieren meras relaciones significantes,
relativas a complexiones isotópico-semantémicas? Así, “la tierra” lo es como
tal, merced a una derivatividad
semiológica, pues, su percepción obedece a un sentido de asociaciones
sémico-atributivas, de cuya inoptatividad conceptual emerge un sentido
connotativo, mismo que se relaciona a <lo compacto>, <lo cohesivo>,
<lo que sostiene>, <lo que contiene>, <lo que sostiene>,
<lo centrípeto>, <la substancia> etc.
Subsiguientemente,
“eso”, percibido por <lo que percibe>, cuyos atributos se asimilan al
sentido de <lo compacto>, puede ser sometido a una ‘vía negativa de
atributividades contrarias’, así como es inconsecuente a los presupuestos
elementarios, una carencia de pertinencia, en lo tocante a la interacción
naturante de los aludidos “cuerpos simples”. Por tal, no se sabe conspicuo
aducir una síntesis aleatoria,
promanada a partir de la manifestación de los elementos (físicos), tal como si
de una multiplicidad unicitaria se tratara, siendo los reseñados “cuerpos”, la
proyección de una sola substancia.
Las
proyecciones estructurales del Espíritu.
Monsieur
Stainer, de mis orzas cognitivas, le confiero las anémonas de la admiración y
del respeto, pues, su ánima ha alcanzado fastigios por una gran minoría logrado. Así, me es asequible panoramizar la naturatividad mediante una vía
análoga a los procesos tras los cuales, la conciencia, individuada en su
discriminación procesal, en lo tocante a
la intuición noética.
De
esa cuenta, la Conciencia, previo a substancializar la percepción, se encausa
por entre un elenco de gradaciones. Por tanto, <la plástico-logometría>,
misma que responde a la vibratoriedad, la cual se suscita desde complexiones simples, trasponiendo
aspectos menos simples hasta alcanzar un artefacto de sendas e
interrelacionadas estructuras condensativas, constituye una homologación por
demás ecuable respecto a las manifestaciones naturantes.
Consecuencialmente,
este decurso de complejos vibratoriales, desde un cariz prelexemático hasta sus
componentes sémico-atributivos, constituye <la naturografía> en lo que
atañe a ‘la objetivización subjetival’ y viceversa, léase, lo que percibe como
tal. Así, si se elencase la sola virtud constitutiva del proceso en mención, no
dejaríamos de advertir la especificidad de muy singulares desempeños (en la
perceptibilidad), de lo cual, cada uno de ellos sería equiparable a las figuras demiurcitivo-hierofánticas o
potencias divinales.
De
este tenor, el referido desenvolvimiento atinente a <la cosmificación de la
conciencia>, dando a resultas la percepción, lleva implícito el protagonismo
de potencias graduales, mismas que se
ahorman en derredor de lo que el antroposofista denomina ‘Principios’,
‘Arcángeles’, ‘Virtudes’, etc. De acuerdo con estos planteamientos, si lo
anteriormente exprimido atañe a las estructuraciones de la percepción (como una
cosmificación), se sabe pertinente no perder este hito argumental y con ello,
continuar en grados de complejidad.
Así,
figuremos lo que ocurre desde esta percepción, no sin conferirle suficiencias
de poeticidad: virtud adherida que tornaría al objeto de la percepción y a la
perceptibilidad – desde el sujeto – en
un <atributo suficiente de artificiosidad>, léase, un poeta.
Consiguientemente, un específico poemario, promanado de la poeticidad,
comporta, propiamente, todo un decurso de protagonismos
demiursitivos, cada uno de los cuales se jerarquiza en un ordenamiento
simbólico de calificaciones en el hacer, en tanto saber-hacer: constitutividad
que, por ende, es tanto intangible como inasible y que, sin embargo, implicó la
participación de variopintos “constructores” o <vehículas>.
Mapa
cósmico- demiurcitográfico
Tríada
suprema
Querubines ↔ Tronos
↔ Serafines
Esencia
divinal y lumínica: atemporales/intemporales
Tríada
media
Principados ↔ Virtudes ↔ Dominios
Ordenadores
y equilibrantes / Protagonismos del sistema planetario
Tríada
inferior
Arcángeles ↔ Ángeles
↔ Principios
Potencias
ejecutoras, interactivas con los aspectos de cohesividad (terrenal), propincuos
a los reinos naturados.
Analogía
perceptivo-semiosférica
Espíritu
cósmico ↔ Conciencia demiurcitiva ↔
Nous-Vibratoriedad
↕
Ímago
proteico-lexemática
↕
Plasticidad ↔ Formas
antetípicas ↔ Prelexematría
Nouosfera
Potencialidad
del mitente ↔ Conciencia individuada ↔
Individuación multiplicia
↕
Arquetipos
↕
Substancia
portolexical ↔ Proteicomorfogénesis ↔
Virtualismo esciente
↕
Arquetipicidad
mitencial ↔ Calificaciones preexistentes de lo
consciente
Figuras
↕
Discriminación
noética ↔ Figuratividad ↔
Imágenes recordativas
↕
Reflexión
remanativo-intuicional
↕
Subjetividad
objetiva ↔ Perceptibilidad ↔
Objetivación subjetival
De
conformidad con lo exprimido, se hace evidente cuán prolijo y a un tiempo
célere es el proceso inherente a la cosmificación de lo perceptible, léase, del
aparencial trayecto que se aspecta del sujeto al objeto. Sin embargo, Monsieur
Stainer, no desconocemos que, tal trayectoria acaece, diríase, en la mismísima
estructuralidad de la subjetividad, aun cuando aparente lo contrario, es decir:
de “un lugar” hacia “el otro”.
De
esa cuenta, la sola percepción constituye, digámoslo así, <una creación>,
a cuyo través, sendas y jerárquicas potencias intervienen.
La
fase de Saturno.
Monsieur
Stainer…, permítaseme equiparar su exégesis evolucionalista con un cariz asaz
sutil, quizá de mayor pertinencia, a saber, la individuación en sus procesos de
<iteración evolutiva>. Así, si la
microcosmitud se sabe prontuario y síntesis de la macrocosmitud – de la que promana y a un tiempo tiende –,
subsanamos entonces toda la gama de referentes astronómicos, en la contextura
adscrita a las figuras conceptuales de la conciencia y así, evidenciemos la
apertura de la analogía.
De
esa suerte, si hemos aducido que, “la percepción es una creación” atendamos pues, a sus ordenanzas
asimilativo-proyectivas, no sin elucidar la relación figurativa inherente al
<Saturno primordial> con < la substancia teonástrica primordial>.
Así, esta ‘substacia’ o <ego sidériao>, sería representamen del ego latente, cuyas potencias sueñan dentro de su substrato cualitativo.
<El
Saturno de lunaticidad terráquea> Monsieur stainer, es análogo a lo reseñado
líneas arriba. Por tanto, veamos cómo el germen de un atributo esciente de
asimilación proyectiva, brota, tal como de la simiente eclosiona la flor en
ciernes; y, consecuente al <sol separable>, cuya función estribaría,
precisamente, en tanto ‘fuego primordial’ en despertar la conciencia (del ego sidérico), esta primera
recordación le separaría de su radio primevo. Así, la lunaticidad – en el proceso de separatividad –, equivaldría a la
proteico-morfología o capacidad para formar, desde lo percibido, substancias
experienciales, diríase, pre-identitarias.
Empero,
cabría inquirir, ¿qué podrían representar “los interventores” o “tronos”,
“serafines”, “querubines”, sino el
desempeño actancial adscrito a <las potencias teonástrico-demiurcitivas>,
mismas que promanan de <la forma consecuencial> infusa al ego divinal, o
agentes kármicos?
Mapeo
figuracional
Nebulosa
primeva ↔ Sol-saturno-telúrico-lunar ↔
Límite de Júpiter
Luna ↔
Desprendimiento solar ↔ Tierra
↕
Lunitierra ↔
Lunus
↕
Tríada
superior ↔ Terram
↔ Tríada inferior
Sol
primordial ↔
Luna primordial
↕
Germen
hominal ↔ Evolución: forma nubífero-astral e ignívoma
↕
Conciencia
Proyección
emotiva ↔ Tronos
↔ Principados ↔ Nostalgia recordativa
↕
Elipsoidalidad ↔
Rotación ↔ Principio vital
↨
Principio
lumínico ↔ Arcángel
↔ Sol de la contemporaneidad
↕
Ángel
↕
Humano
Ciclo
solar. La zodiacalidad.
Señor
Stainer…, la teoría, de la cual su merced se sirve para constituir el hito
argumental, no es demeritoria en manera alguna. Así, el proceso de “avance y
retroceso”, desde mis apreciaciones, no representa dos movimientos dentro de un
desenvolvimiento, cuanto que, una sola dinámica, de la cual, he inferido una
terminología, a saber: <involución-evolutiva>, misma que se inscribe en
un dinamismo dimensional de euritmia
compensativa o ritmo.
Por
lo cual, la involución, allende representar un retroceso, es símbolo de una
<retrotracción antetípica>, cuyo contenido, por demás valioso, califica y
permite a la “evolutividad”, desarrollar la potencialidad contenida y, por
ende, conformar, estructurar y, sobre todo, in-formar lo entitativo, fuere en
los planos que fuere.
En la
hilación de estas figuras conceptuales, <la substancia teonástrica
primordial> o “ego absoluto” (ego siderativo), atesora avatarismos del
proceso involutivo-evolutivo, los cuales, al abstraerse, substraen potencias
antetípicas que, ulteriormente, al emerger su contexturación en atributos de
calificación (capacidad perceptiva), advienen objetivación. Así, esta
objetivación perceptual, acontece en virtud de una rememoración, pues, ‘lo
percibido’ se sabe una mera fotogrametría de lo que era: reproduce…, si se
desea, replica lo ya percibido: recuerda.
Así, ese sol primordial era, en su continente,
contenido de variopintas potencias demiurcitivas (Principios, Serafines,
Querubines), cuyo desempeño estribaba en proyecciones incubativas,
germinaciones, así como en constitutividades de índole calificante. Sin
embargo, y no sin retomar nuestra analogía reproductiva, aducimos que, <el
firmamento primordial>, sus luminares y constelaciones, representan una
simbolización cuya jeroglificometría es representamen de los atributos
espirituales, infusos al plano de la conciencia, en su proceso de
individuación.
Por tanto, <la
conciencia consecuente>, rememora desde <la substancia teonástrica
primordial>, lo antetípico, no sin
cribar su condición tras una síntesis
conmemorativa, léase, al recuperar la substancia noosférica, cuyo substrato
consta de experiencias plastíferas, ecuaciona su ubicuidad en la modalidad de
específicas suficiencias.
De esa cuenta, la
capacidad que denota la esencia de la astucia, de lo subrepticio, del
alertamiento, el sigilo y la estaticidad tendente, adquiere substanciaciones
zoomórficas – en un modus simbólico –y evoca una específica complexión
serpentina, cuyas potencias se traducen en <una sierpe de la conciencia>
o así, la conciencia en su atributividad serpentina, etc. Vemos aquí pues, la
emergencia de la zodiacalidad, cuyos
aspectos se constelan de atributividades de naturaleza caracterizadoras: visos
de la conciencia en tanto firmamento cosmífico.
Aspectaciones
Nebulosa del Saturno
primevo ↔ Los principios conciben a los
arcángeles
↨
Formas- pensamientos
↨
Vida y alma des sol
primordial
↨
Firmamento
espiritual ↔ Zodiaco
↔ Arcanos de lo divino ↔
Constelaciones
↨
Substancia
arquetípica ↔ Potencias orbitales ↔
proyección distributiva
↨
Concatenadores ↔
Querubines-Serafines ↔ Esencias animativas
↨
Incubación
arcangélica
↨
Exaltación
arcangélica
↨
Emanación de la
esencia angélica
↨
Características del
sol primigenio
↨
Núcleo sombrío ↔
Dimensión colindante con Júpiter
↔ Inhalativo-Expirativo
↨
Formas- pensamientos
arcangélicos
↨
Prototipos
zodiacales.
Constitución de
Júpiter y Marte. La luciferatividad.
Comunidad
antroposófica: consistente con el proceso de mis estructuras analógicas, me es
inminente esclarecer la singularidad de un desarrollo perceptual, mismo que
posee como distintivo, la consumación atinente a la <indivisión>,
acaecido en el decurso perceptivo.
Consiguientemente,
<la morfología consciente>, en la consciencia, léase, ‘la forma
esciente’, constituye en – la <teonastría primordial> --, su mismísima
substancia, la cual se sabe una cualidad abstractiva, en la cual preexiste la
condición prefigurativa. Así, esta <prefiguratividad>, contiene, en la diagramatrometría inherente a la aludida
substancia, las prelexematrías, mismas que conforman la animatividad del <objeto de percepción>, el cual se
visibiliza en una forma múltiple de
entidades, a saber, se concibe <la imagen integral> infusa a la
diferenciación: objeto vs sujeto.
Conforme a lo
exprimido, esta ‘perspicuidad’ cuyo protagonismo se cifra en develar
distintualmente al <objeto de la percepción>, puede ser concebido tal
como un <vector perspectual de luminiscencia>. De este tenor, es
asequible tipificar la concepción del <objeto de percepción> en sus ejes
de distinción como una luz cuyas calificaciones capacitan a la conciencia en su
proceso individuante – para distinguir, discriminar, diferenciar y
consubstancializar – un radio de representatividad, al que no es desatino
denominar <luciferatividad>.
Bastidor aspectual.
Segunda
jerarquía ↔ Sol primigenio ↔
Ejecutores dentro de este emporio
↨
Contracción expansiva
↨
Expulsión de Júpiter
y Marte
↨
Principio de
separatividad ↔ Arcangelidad luciferina ↔
Lúcifer
↨
Indomabilidad ↔
Lúcifer ↔ Heraldo de luz
↨
Androginismo ↔
Corporeidad astro-etérica
↨
Principio de
seducción ↔ Separación de géneros ↔ Osadía
↨
Disuasión ↔
Seducción al numen angélico
↔ Persuasión
↨
Topos luciferinius ↔
Formación del planeta intermedio
↔ Plano astral
↨
Eversión del Topos
luciferinius
↨
Principios y
Dominaciones – Interventores
↨
Separación del Sol
primevo y la Lunitierra
↨
Lunitierra.
Lunitierra.
Angelicalidad
Respecto al argumento
aquí matizado comparativamente, no desconocemos que, la individuación, en tanto
desarrollo, implica una contraposición de mera índole simbiótica, ya que,
conlleva una vía de ‘diversidad diferencial’ y, dentro de esta, otra, cuya naturaleza
comprende una de ‘adecuación indentital’.
Consiguientemente se
esclarece lo siguiente: dentro de <la substancia teonástrica primordial>,
preexiste la evolución hasta aquí interpretada. Así, la trayectoria
individuante, constituye, en sí misma, <el magisterio morfológico de
atributividades cualitativas> del cual se aduce, simbólicamente, ‘la
lunicidad’ o suficiencia de plasticidad protagónica, de cuya substancia, la
conciencia, ya objetivada y distanciada, se desaproxima desde su radio nuclear
respecto de la percepción estimativa,
misma que a sí misma se refleja sobre <visiones conmemorativas>.
Por tanto, en lo
tocante a <la suficiencia de plasticidad protagónica>, esta capacidad
radica en la formación de planos objetivales y – dentro de éstos – dimensiones
relacionales promanadas desde la subjetivación, tal como si de una entidad
percibida se infiriese todo un elenco de trascendencias significacionales. Y,
tras este marco de <egomorfismos orbitales>, léase, “otros egos”, cuyos
rasgos fungieran tal cual plenipotenciarios del ego absoluto. De este tenor, el
aludido <egomorfismo>, al tamizarse por entre la estructuralidad
objetival, ‘incuba’, merced a sus reflexiones objetivo-subjetivales, un
principio de identificación respecto a sus ejes nucleares de almacenamiento
perceptivo.
Estructura
figuracional
Sol primigenio ↔ Lunitierra
↨
Separación
nuclear ↔ Lunitierra ↔
Emporio solar primevo
↨
Esfera
luciferina ↔ Criba hominal
↨
Lunariedad y
Terrenalidad
↨
Evolución planetaria
↨
Lunitierra
↨
Era su emporio una envuelta
de gas en llamas, minerales y metales en proceso de fusión. Entidades
titánicas, a manera de semimoluscos parasitaban en la superficie húmeda y
vegetal, legañosa y esponjosa. Las entidades en mención, extendían sus
ramas-brazos a mitad de una atmósfera densa.
↨
Constitución ígnea
etérico-astral ↔ Proto-humanos ↔
Partenogenéticos
↨
Sensciente-radiativos ↔
Andróginos ↔ Carentes egoicidad
↨
Mismidad reflectiva
↨
Interacción
angélico-hominal
↨
Ángel como cicerone
del humano
↨
Angelicalidad como
antetipicidad hominal
La tierra lemuriana. (Mundo
planetario).
Denominamos
<egóisis> a una especie de estructuralidad multiforme, promanada a partir
de <la substancia teonástrica primordial>, en la modalidad de un
despliegue de objetos calificantes, cuyo tenor no es otro que, calificar al ego
absoluto, otorgándole así, capacidad de asimilación dispersiva.
Así, esta
desenvoltura que lleva implícito el egomorfismo, adquiere <vectores de
consistencia> en la medida librada por virtud de su separación con su
‘substrato primordial’.
En este elenco de
progresiones, vemos que, la separatividad reseñada implica la asimilación de una
<substancia dividenda>, de la que emerge, no sin gradación, <un código
identitario de lo distintual>, léase, tras esa fragmentación dispersiva,
<la substancia primordial> se enmaraña por entre dédalos de variación
distintiva y, paradójicamente, esta pernicie, va constituyendo <la
substancia plurientitativa de la identidad individuada>.
De este tenor, es
aducible una específica unidad perceptiva, misma que comprenda ‘la engendración
del objeto de percepción’, lo que simboliza un necesario ‘extravío
plenipotenciario de lo esciente’, de cuya representatividad se infiere ‘la
hominalización personificativa de la conciencia’.
Por tanto, la
diferencia identitaria o <idéntisis>, es decir, una identidad formada a
partir de la diversidad perceptual, discurre sobre un trayecto que es infuso a
<la substancia primordial>. Empero, aun cuando aparentase fragmentarse
hasta su punto discordante, su protagonismo obra de manera retráctil. De suyo,
<la substancia teonástrica> tiende hacia ella misma, no sin haberse
cribado por entre ejes distintuales, tal como si de entre los fragmentos de un
espejo hecho añicos, se reintegrasen sus partes, surgiendo de ello ‘el reflejo
absoluto identitario’ el cual, en esencia, estriba en una remanación identital.
Sin embargo, la
aludida multiplicidad identitaria,
previo a extremar su remanatividad se disfraza en su desfase esciente, es
decir, <los atributos morfológicos inherentes al objeto de la percepción>
se incuban, germinando y concibiendo toda una gama de <imagos
abstractos>, de abstracción actante, de lo que resulta – en la subjetividad
– un personaje votivo que, al
personificar lo percibido, estratifica su capacidad.
Bastidor aspectativo
Lunitierra
↨
Plano astral
hominal ↔ Escisión
↔ Tríada superior
↨
Era primaria ↔
Terram ↔ Démeter- Adama
↨
Periodo Miceno y
Eoceno ↔ Lémur
↔ Proto humano
↨
Constitución
translúcido-gelatinosa de serpentina complexión a un tiempo que pisciana,
iridiscente y cabrilleante a guisa de arco iris. Su testuz comprendía una
suerte de abanico fosforescente (proto-cerebración): órgano de reproducción y
percepción. Eran entidades andróginas, que a sí mismas se fecundaban por
mediación de la incidencia solar, sobre los fastigios de ciertos promontorios.
Eran, consecuentemente, partenogenéticos así como auto-reencarnativos, carentes
de fenecimiento así como de nacencia y, formados por su suficiencia
astrosómica, cuya sensoreidad era fundamentalmente astral, aunado a una
carencia de ego-atributividad.
↨
Evaporación de coraza
envolvente ↔ Medro del manto acuífero ↔ Dirección centrípeta ígnea
↨
Australia, parte de
Asia, África y América ↔ Lemuria ↔ Hemisferio austral
↨
Plesiosaurios ↔
Dinosaurios ↔ Ictosaurios- Protodáctilos
↨
Dragones
↨
Transformación del
lémur
↨
Fisiografía
↨
Evolución
cerebro-espinal: el proceso acorazante de la cerebración, deja, en el área pineal,
una suerte de mirilla a cuyo través, emerge una veleta móvil (tercer ojo). Así,
su sistema ocular se desarrolla aun cuando la visión – propiamente – se
encuentre en ciernes, fungiendo la aludida veleta pineal tal cual visor astral,
en tanto desarrolla los pulmones de lo que, otrora fueran branquias, así como
de sus aletas se constituyen las extremidades en cuestión. De suyo, el cariz
delfíneo adquiere, en su rostro, uno de semejanza leonina, no sin advenir una
suerte de suario o cuadrúpedo.
↨
Atributivos del
dinamismo egóico ↔ Espíritus lunares ↔ Luciferinos
↨
Desideratividad ↔
desarrollo del sistema nérveo-sanguíneo
↔ Deseo
↨
Los principios
↨
Espíritus de orden
superlativo, entonces moradores de Venus: instructores de los arcángeles,
denominados en el valle del Indo: Asuras; y, así proyectando su deseo,
consiguen encarnatizar formas etéricas, visibilizándose a las entidades
inferiores. Son estos Principios “insufladores” de <la inteligencia
sideratográfica>.
↨
Sentido de lo
divino ↔ Emergencia de la conciencia ↔
Evolución noética
↨
Rudimentos primevos
del lenguaje articulado
↨
Pasión concupiscente
↔ Separación de los sexos ↔ Caos
↨
Forma mental
egregórica en correlación al fuego inmerso en la esfera interna, la cual, a
través de una suerte de turbación pasional, infunde, en la inteligencia ígnea,
un correlato, mismo que, propicia la eversión del continente.
Dimensión
conclusiva
Monsieur
Stainer: desvelar no sin asombro su recorrido exegético, cuyo tenor está
afortunadamente constelado de figuras hierofánticas, de lo que, los ignaros
denominan <mitósfera>, sin llegar a aducir la riqueza de cada complejo
figurativo, ha sido más que una fruición, un reto.
Así,
el aludido desafío estribó en emplazar en su debido y pertinente paralelismo exegético,
otra explicación cuya atildadura semántica concibe a la conciencia como protagonista
actancial y dinámica.
¿Por
qué motivo? Lo que su merced describe como “los planos evolutivos de la
filogenia cosmogénica”, mi natural lo coteja en tanto <proceso individuante
de la morfología esciente> o, en otros términos, la desenvoltura de la
consciencia (hominal) en su travesía por sus variopintos tamices y matices de
suficiencia proyectivo-asimilativa.
De
esa cuenta, la primigeneidad de su evolución cósmico-anatomista, se equipara al
surgimiento de la conciencia en su estadio primordial, léase, el desarrollo
reflectivo de la conciencia macrocósmica,
tras la cual, acaece la involusión hacia la inteligencia microcósmica, de análoga manera a una <precipitación>
de índole flogística, sino química.
En
la jerarquización de estas concepciones, se sabe preciso elucidar la dimensión
de lo cognitivo en tanto <estado>, no inadvirtiendo que, a este término
le corresponde la significación del traslado de dos potencias, cuya mediación
se suscita merced a un intercambio, el cual, en el caso aquí concerniente lo
comprende el contenido cognitivo en correlación con el continente cognoscitivo
o bien, objeto vs sujeto.
Por
tanto, en este recorrido se pone al descubierto la relación entre lo que
percibe, el objeto de la percepción y la percepción: línea transversal al
través de la cual discurre la individuación como un proceso, en el cual, más
que aguzarse la suficiencia epistémica, se anudre y merma al grado de advenir
una dispersión fragmentaria.
De
esa cuenta, la subjetividad se objetiviza y, de simétrica manera, la
objetividad se subjetiviza, al punto inoptativo donde, el sujeto subsume al
objeto y éste a aquel, tras lo cual, ambas zonas devienen una sola e unívoca
esencia esciente de percepción trascendente.
Nada percibe la
eseidad hominal,
cuanto que es
percibida…, nada
intuye, cuanto que es
intuida…,
nada piensa, cuanto
que es
pensada. Lo que
denominan
Conciencia se sabe la
consecuencia del
reflejo reflectivo
cuyo reflejo a sí
mismo se
refleja,
reproduciendo así
todo aquello que no
es, empero
que lo aparenta.
J.M.G
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