Urweltweisheit



Urweltweisheit.
(Periplo analéptico hacia la constitutividad de las razas raíz)

Evolutividad macrohiero-antroposófica.
 (Responsos a Roudolph Stainer).

Es ésta aventura indagatoria, una suerte de enmienda argumental, cuya formalidad ensayística se adentra a una arqueología gnóstica, no sin la procura de conferir a la teoría evolucionista (del señor Stainer), un viso que, si bien no refuta el argumento, sí le otorga otro matiz. De conformidad con esto, el planteamiento ministrado por el  iniciador del movimiento antroposófico, lejos de ser mistificado, es sometido a una criba crítica, tras la cual, sus posturas reciben un tratamiento de índole perceptualista, léase, relativo a la evolución de la percepción desde el fuero de la conciencia.    

Por consiguiente, todo el decurso exegético que el pensador alemán desenvuelve respecto a los estadios previos entorno a lo que actualmente se conoce como cosmos, así como sus procesos evolucionales, en lo tocante a filogenia y su diversidad de avatares, es focalizado no sin el debido paralelismo temático: desde una perspectiva donde se equipara el desarrollo de la percepción con la visión evolucionalista.

De conformidad con esto, huelga inquirir, ¿sería un paralogismo osar comparar el proceso filogenético – en tanto decurso evolutivo –  con el desenvolvimiento noético-noemático de la conciencia, en relación a su cualidad perceptiva? Mi criterio esclarece que, ambos trayectos son implícitos y, más aun, estimo emplazar como precursora a la percepción: antetipo de lo sucesivo, léase, de lo meramente biológico.

I

Por un clamor de inminencia esteticista, se antoja pertinente conmemorar la siguiente asunción figurativa: “En virtud de <lo que percibe> (perceptibilidad), se sucede <el objeto de la percepción>, sin así desestimar que, la percepción, adquiere sus atributos merced a un ‘rango de suficiencia’ u objeto calificante, el cual, en esencia, promana de sendas estructuras antetípicas.”[1]
    
En términos menos conspicuos: <lo que percibe> se sabe una potencia abstracta, inmersa dentro de la capacidad sensoperceptiva y que, desde su inasibilidad e invisibilidad, objetiviza al <objeto de la percepción>, no siendo entreambos más que unívoca substancia cuya proteicidad (cualidad de ser proteica) se califica interactivamente.  






II

La proteicidad substancial.

<<Loa estados sucesivos>> de lo que, contemporáneamente suele denominarse “materia”, en su quididad, más que obedecer al supuesto de un itinerario de comprobaciones fácticas, responden a uno de índole semántica.
De esa cuenta, ‘eso’ que los físicos intitulan como <tierra>, ¿al caso no es objeto de una reducción semiológica, de la cual se infieren meras relaciones significantes, relativas a complexiones isotópico-semantémicas? Así, “la tierra” lo es como tal, merced a una derivatividad semiológica, pues, su percepción obedece a un sentido de asociaciones sémico-atributivas, de cuya inoptatividad conceptual emerge un sentido connotativo, mismo que se relaciona a <lo compacto>, <lo cohesivo>, <lo que sostiene>, <lo que contiene>, <lo que sostiene>, <lo centrípeto>, <la substancia> etc.

Subsiguientemente, “eso”, percibido por <lo que percibe>, cuyos atributos se asimilan al sentido de <lo compacto>, puede ser sometido a una ‘vía negativa de atributividades contrarias’, así como es inconsecuente a los presupuestos elementarios, una carencia de pertinencia, en lo tocante a la interacción naturante de los aludidos “cuerpos simples”. Por tal, no se sabe conspicuo aducir una síntesis aleatoria, promanada a partir de la manifestación de los elementos (físicos), tal como si de una multiplicidad unicitaria se tratara, siendo los reseñados “cuerpos”, la proyección de una sola substancia.     

Las proyecciones estructurales del Espíritu.
Monsieur Stainer, de mis orzas cognitivas, le confiero las anémonas de la admiración y del respeto, pues, su ánima ha alcanzado fastigios por una gran minoría logrado. Así, me es asequible panoramizar la naturatividad mediante una vía análoga a los procesos tras los cuales, la conciencia, individuada en su discriminación procesal,  en lo tocante a la intuición noética.
De esa cuenta, la Conciencia, previo a substancializar la percepción, se encausa por entre un elenco de gradaciones. Por tanto, <la plástico-logometría>, misma que responde a la vibratoriedad, la cual se suscita desde complexiones simples, trasponiendo aspectos menos simples hasta alcanzar un artefacto de sendas e interrelacionadas estructuras condensativas, constituye una homologación por demás ecuable respecto a las manifestaciones naturantes.
Consecuencialmente, este decurso de complejos vibratoriales, desde un cariz prelexemático hasta sus componentes sémico-atributivos, constituye <la naturografía> en lo que atañe a ‘la objetivización subjetival’ y viceversa, léase, lo que percibe como tal. Así, si se elencase la sola virtud constitutiva del proceso en mención, no dejaríamos de advertir la especificidad de muy singulares desempeños (en la perceptibilidad), de lo cual, cada uno de ellos sería equiparable a las figuras demiurcitivo-hierofánticas o potencias divinales.  
De este tenor, el referido desenvolvimiento atinente a <la cosmificación de la conciencia>, dando a resultas la percepción, lleva implícito el protagonismo de potencias graduales, mismas que se ahorman en derredor de lo que el antroposofista denomina ‘Principios’, ‘Arcángeles’, ‘Virtudes’, etc. De acuerdo con estos planteamientos, si lo anteriormente exprimido atañe a las estructuraciones de la percepción (como una cosmificación), se sabe pertinente no perder este hito argumental y con ello, continuar en grados de complejidad.
Así, figuremos lo que ocurre desde esta percepción, no sin conferirle suficiencias de poeticidad: virtud adherida que tornaría al objeto de la percepción y a la perceptibilidad – desde el sujeto –  en un <atributo suficiente de artificiosidad>, léase, un poeta. Consiguientemente, un específico poemario, promanado de la poeticidad, comporta, propiamente, todo un decurso de protagonismos demiursitivos, cada uno de los cuales se jerarquiza en un ordenamiento simbólico de calificaciones en el hacer, en tanto saber-hacer: constitutividad que, por ende, es tanto intangible como inasible y que, sin embargo, implicó la participación de variopintos “constructores” o <vehículas>.  
Mapa cósmico- demiurcitográfico
Tríada suprema
Querubines    ↔ Tronos    Serafines
Esencia divinal y lumínica: atemporales/intemporales
Tríada media
Principados    ↔ Virtudes ↔ Dominios
Ordenadores y equilibrantes  /  Protagonismos del sistema planetario
Tríada inferior
Arcángeles   ↔ Ángeles  ↔ Principios
Potencias ejecutoras, interactivas con los aspectos de cohesividad (terrenal), propincuos a los reinos naturados.
Analogía perceptivo-semiosférica
Espíritu cósmico     Conciencia demiurcitiva    Nous-Vibratoriedad
Ímago proteico-lexemática
Plasticidad     Formas antetípicas    Prelexematría
Nouosfera
Potencialidad del mitente    Conciencia individuada      Individuación multiplicia
Arquetipos
Substancia portolexical     Proteicomorfogénesis      Virtualismo esciente
Arquetipicidad mitencial      Calificaciones preexistentes de lo consciente
Figuras
Discriminación noética     Figuratividad      Imágenes recordativas
Reflexión remanativo-intuicional
Subjetividad objetiva       Perceptibilidad     Objetivación subjetival

De conformidad con lo exprimido, se hace evidente cuán prolijo y a un tiempo célere es el proceso inherente a la cosmificación de lo perceptible, léase, del aparencial trayecto que se aspecta del sujeto al objeto. Sin embargo, Monsieur Stainer, no desconocemos que, tal trayectoria acaece, diríase, en la mismísima estructuralidad de la subjetividad, aun cuando aparente lo contrario, es decir: de “un lugar” hacia “el otro”.
De esa cuenta, la sola percepción constituye, digámoslo así, <una creación>, a cuyo través, sendas y jerárquicas potencias intervienen.
La fase de Saturno.
Monsieur Stainer…, permítaseme equiparar su exégesis evolucionalista con un cariz asaz sutil, quizá de mayor pertinencia, a saber, la individuación en sus procesos de <iteración evolutiva>. Así, si la microcosmitud se sabe prontuario y síntesis de la macrocosmitud – de la que promana y a un tiempo tiende –, subsanamos entonces toda la gama de referentes astronómicos, en la contextura adscrita a las figuras conceptuales de la conciencia y así, evidenciemos la apertura de la analogía.
De esa suerte, si hemos aducido que, “la percepción es una creación”  atendamos pues, a sus ordenanzas asimilativo-proyectivas, no sin elucidar la relación figurativa inherente al <Saturno primordial> con < la substancia teonástrica primordial>. Así, esta ‘substacia’ o <ego sidériao>, sería representamen del ego latente, cuyas potencias sueñan dentro de su substrato cualitativo.
<El Saturno de lunaticidad terráquea> Monsieur stainer, es análogo a lo reseñado líneas arriba. Por tanto, veamos cómo el germen de un atributo esciente de asimilación proyectiva, brota, tal como de la simiente eclosiona la flor en ciernes; y, consecuente al <sol separable>, cuya función estribaría, precisamente, en tanto ‘fuego primordial’ en despertar la  conciencia (del ego sidérico), esta primera recordación le separaría de su radio primevo. Así, la lunaticidad – en el proceso de separatividad –, equivaldría a la proteico-morfología o capacidad para formar, desde lo percibido, substancias experienciales, diríase, pre-identitarias.
Empero, cabría inquirir, ¿qué podrían representar “los interventores” o “tronos”, “serafines”, “querubines”, sino el desempeño actancial adscrito a <las potencias teonástrico-demiurcitivas>, mismas que promanan de <la forma consecuencial> infusa al ego divinal, o agentes kármicos?
Mapeo figuracional
Nebulosa primeva       Sol-saturno-telúrico-lunar     Límite de Júpiter
Luna     Desprendimiento solar      Tierra
Lunitierra        Lunus
Tríada superior         Terram    Tríada inferior
Sol primordial               Luna primordial
Germen hominal             Evolución: forma nubífero-astral e ignívoma
Conciencia
Proyección emotiva        Tronos     Principados  ↔ Nostalgia recordativa
Elipsoidalidad     Rotación      Principio vital
Principio lumínico      Arcángel      Sol de la contemporaneidad
Ángel
Humano
Ciclo solar. La zodiacalidad.
Señor Stainer…, la teoría, de la cual su merced se sirve para constituir el hito argumental, no es demeritoria en manera alguna. Así, el proceso de “avance y retroceso”, desde mis apreciaciones, no representa dos movimientos dentro de un desenvolvimiento, cuanto que, una sola dinámica, de la cual, he inferido una terminología, a saber: <involución-evolutiva>, misma que se inscribe en un dinamismo dimensional de euritmia compensativa o ritmo.
Por lo cual, la involución, allende representar un retroceso, es símbolo de una <retrotracción antetípica>, cuyo contenido, por demás valioso, califica y permite a la “evolutividad”, desarrollar la potencialidad contenida y, por ende, conformar, estructurar y, sobre todo, in-formar lo entitativo, fuere en los planos  que fuere.
En la hilación de estas figuras conceptuales, <la substancia teonástrica primordial> o “ego absoluto” (ego siderativo), atesora avatarismos del proceso involutivo-evolutivo, los cuales, al abstraerse, substraen potencias antetípicas que, ulteriormente, al emerger su contexturación en atributos de calificación (capacidad perceptiva), advienen objetivación. Así, esta objetivación perceptual, acontece en virtud de una rememoración, pues, ‘lo percibido’ se sabe una mera fotogrametría de lo que era: reproduce…, si se desea, replica lo ya percibido: recuerda.
Así, ese sol primordial era, en su continente, contenido de variopintas potencias demiurcitivas (Principios, Serafines, Querubines), cuyo desempeño estribaba en proyecciones incubativas, germinaciones, así como en constitutividades de índole calificante. Sin embargo, y no sin retomar nuestra analogía reproductiva, aducimos que, <el firmamento primordial>, sus luminares y constelaciones, representan una simbolización cuya jeroglificometría es representamen de los atributos espirituales, infusos al plano de la conciencia, en su proceso de individuación.   

Por tanto, <la conciencia consecuente>, rememora desde <la substancia teonástrica primordial>, lo antetípico, no sin cribar su condición tras una síntesis conmemorativa, léase, al recuperar la substancia noosférica, cuyo substrato consta de experiencias plastíferas, ecuaciona su ubicuidad en la modalidad de específicas suficiencias.

De esa cuenta, la capacidad que denota la esencia de la astucia, de lo subrepticio, del alertamiento, el sigilo y la estaticidad tendente, adquiere substanciaciones zoomórficas – en un modus simbólico –y evoca una específica complexión serpentina, cuyas potencias se traducen en <una sierpe de la conciencia> o así, la conciencia en su atributividad serpentina, etc. Vemos aquí pues, la emergencia de la zodiacalidad, cuyos aspectos se constelan de atributividades de naturaleza caracterizadoras: visos de la conciencia en tanto firmamento cosmífico.

Aspectaciones

Nebulosa del Saturno primevo   ↔ Los principios conciben a los arcángeles


Formas- pensamientos

Vida y alma des sol primordial


Firmamento espiritual    Zodiaco    Arcanos de lo divino ↔ Constelaciones

Substancia arquetípica    Potencias orbitales    proyección distributiva

Concatenadores    Querubines-Serafines    Esencias animativas

Incubación arcangélica

Exaltación arcangélica

Emanación de la esencia angélica

Características del sol primigenio

Núcleo sombrío    Dimensión colindante con Júpiter    Inhalativo-Expirativo

Formas- pensamientos arcangélicos

Prototipos zodiacales.


Constitución de Júpiter y Marte. La luciferatividad.

Comunidad antroposófica: consistente con el proceso de mis estructuras analógicas, me es inminente esclarecer la singularidad de un desarrollo perceptual, mismo que posee como distintivo, la consumación atinente a la <indivisión>, acaecido en el decurso perceptivo.

Consiguientemente, <la morfología consciente>, en la consciencia, léase, ‘la forma esciente’, constituye en – la <teonastría primordial> --, su mismísima substancia, la cual se sabe una cualidad abstractiva, en la cual preexiste la condición prefigurativa. Así, esta <prefiguratividad>, contiene, en la    diagramatrometría inherente a la aludida substancia, las prelexematrías, mismas que conforman la animatividad del <objeto de percepción>, el cual se visibiliza en una forma múltiple de entidades, a saber, se concibe <la imagen integral> infusa a la diferenciación: objeto vs sujeto.   

Conforme a lo exprimido, esta ‘perspicuidad’ cuyo protagonismo se cifra en develar distintualmente al <objeto de la percepción>, puede ser concebido tal como un <vector perspectual de luminiscencia>. De este tenor, es asequible tipificar la concepción del <objeto de percepción> en sus ejes de distinción como una luz cuyas calificaciones capacitan a la conciencia en su proceso individuante – para distinguir, discriminar, diferenciar y consubstancializar – un radio de representatividad, al que no es desatino denominar <luciferatividad>.

Bastidor aspectual.


Segunda jerarquía     Sol primigenio    Ejecutores dentro de este emporio

Contracción expansiva

Expulsión de Júpiter y Marte

Principio de separatividad     Arcangelidad luciferina     Lúcifer

Indomabilidad     Lúcifer    Heraldo de luz

Androginismo          Corporeidad astro-etérica

Principio de seducción      Separación de géneros     Osadía

Disuasión     Seducción al numen angélico      Persuasión

Topos luciferinius      Formación del planeta intermedio     Plano astral

Eversión del Topos luciferinius

Principios y Dominaciones – Interventores

Separación del Sol primevo y la Lunitierra

Lunitierra.


Lunitierra. Angelicalidad

Respecto al argumento aquí matizado comparativamente, no desconocemos que, la individuación, en tanto desarrollo, implica una contraposición de mera índole simbiótica, ya que, conlleva una vía de ‘diversidad diferencial’ y, dentro de esta, otra, cuya naturaleza comprende una de ‘adecuación indentital’.

Consiguientemente se esclarece lo siguiente: dentro de <la substancia teonástrica primordial>, preexiste la evolución hasta aquí interpretada. Así, la trayectoria individuante, constituye, en sí misma, <el magisterio morfológico de atributividades cualitativas> del cual se aduce, simbólicamente, ‘la lunicidad’ o suficiencia de plasticidad protagónica, de cuya substancia, la conciencia, ya objetivada y distanciada, se desaproxima desde su radio nuclear respecto de la percepción estimativa, misma que a sí misma se refleja sobre <visiones conmemorativas>.

Por tanto, en lo tocante a <la suficiencia de plasticidad protagónica>, esta capacidad radica en la formación de planos objetivales y – dentro de éstos – dimensiones relacionales promanadas desde la subjetivación, tal como si de una entidad percibida se infiriese todo un elenco de trascendencias significacionales. Y, tras este marco de <egomorfismos orbitales>, léase, “otros egos”, cuyos rasgos fungieran tal cual plenipotenciarios del ego absoluto. De este tenor, el aludido <egomorfismo>, al tamizarse por entre la estructuralidad objetival, ‘incuba’, merced a sus reflexiones objetivo-subjetivales, un principio de identificación respecto a sus ejes nucleares de almacenamiento perceptivo.

Estructura figuracional

Sol primigenio                                                          Lunitierra


Separación nuclear                    Lunitierra                Emporio solar primevo

Esfera luciferina         Criba hominal


Lunariedad y Terrenalidad

Evolución planetaria

Lunitierra


Era su emporio una envuelta de gas en llamas, minerales y metales en proceso de fusión. Entidades titánicas, a manera de semimoluscos parasitaban en la superficie húmeda y vegetal, legañosa y esponjosa. Las entidades en mención, extendían sus ramas-brazos a mitad de una atmósfera densa.

Constitución ígnea etérico-astral  ↔ Proto-humanos    Partenogenéticos

Sensciente-radiativos           Andróginos          Carentes egoicidad

Mismidad reflectiva

Interacción angélico-hominal

Ángel como cicerone del humano

Angelicalidad como antetipicidad hominal



La tierra lemuriana. (Mundo planetario).

Denominamos <egóisis> a una especie de estructuralidad multiforme, promanada a partir de <la substancia teonástrica primordial>, en la modalidad de un despliegue de objetos calificantes, cuyo tenor no es otro que, calificar al ego absoluto, otorgándole así, capacidad de asimilación dispersiva.
Así, esta desenvoltura que lleva implícito el egomorfismo, adquiere <vectores de consistencia> en la medida librada por virtud de su separación con su ‘substrato primordial’.

En este elenco de progresiones, vemos que, la separatividad reseñada implica la asimilación de una <substancia dividenda>, de la que emerge, no sin gradación, <un código identitario de lo distintual>, léase, tras esa fragmentación dispersiva, <la substancia primordial> se enmaraña por entre dédalos de variación distintiva y, paradójicamente, esta pernicie, va constituyendo <la substancia plurientitativa de la identidad individuada>.

De este tenor, es aducible una específica unidad perceptiva, misma que comprenda ‘la engendración del objeto de percepción’, lo que simboliza un necesario ‘extravío plenipotenciario de lo esciente’, de cuya representatividad se infiere ‘la hominalización personificativa de la conciencia’.

Por tanto, la diferencia identitaria o <idéntisis>, es decir, una identidad formada a partir de la diversidad perceptual, discurre sobre un trayecto que es infuso a <la substancia primordial>. Empero, aun cuando aparentase fragmentarse hasta su punto discordante, su protagonismo obra de manera retráctil. De suyo, <la substancia teonástrica> tiende hacia ella misma, no sin haberse cribado por entre ejes distintuales, tal como si de entre los fragmentos de un espejo hecho añicos, se reintegrasen sus partes, surgiendo de ello ‘el reflejo absoluto identitario’ el cual, en esencia, estriba en una remanación identital.

Sin embargo, la aludida multiplicidad identitaria, previo a extremar su remanatividad se disfraza en su desfase esciente, es decir, <los atributos morfológicos inherentes al objeto de la percepción> se incuban, germinando y concibiendo toda una gama de <imagos abstractos>, de abstracción actante, de lo que resulta – en la subjetividad – un personaje votivo que, al personificar lo percibido, estratifica su capacidad.  

Bastidor aspectativo


Lunitierra

Plano astral hominal       Escisión       Tríada superior

Era primaria               Terram         Démeter- Adama

Periodo Miceno y Eoceno          Lémur         Proto humano

Constitución translúcido-gelatinosa de serpentina complexión a un tiempo que pisciana, iridiscente y cabrilleante a guisa de arco iris. Su testuz comprendía una suerte de abanico fosforescente (proto-cerebración): órgano de reproducción y percepción. Eran entidades andróginas, que a sí mismas se fecundaban por mediación de la incidencia solar, sobre los fastigios de ciertos promontorios. Eran, consecuentemente, partenogenéticos así como auto-reencarnativos, carentes de fenecimiento así como de nacencia y, formados por su suficiencia astrosómica, cuya sensoreidad era fundamentalmente astral, aunado a una carencia de ego-atributividad.


Evaporación de coraza envolvente ↔ Medro del manto acuífero ↔ Dirección centrípeta ígnea

Australia, parte de Asia, África y América ↔ Lemuria ↔ Hemisferio austral

Plesiosaurios       Dinosaurios     Ictosaurios- Protodáctilos

Dragones

Transformación del lémur

Fisiografía

Evolución cerebro-espinal: el proceso acorazante de la cerebración, deja, en el área pineal, una suerte de mirilla a cuyo través, emerge una veleta móvil (tercer ojo). Así, su sistema ocular se desarrolla aun cuando la visión – propiamente – se encuentre en ciernes, fungiendo la aludida veleta pineal tal cual visor astral, en tanto desarrolla los pulmones de lo que, otrora fueran branquias, así como de sus aletas se constituyen las extremidades en cuestión. De suyo, el cariz delfíneo adquiere, en su rostro, uno de semejanza leonina, no sin advenir una suerte de suario o cuadrúpedo.

Atributivos del dinamismo egóico     Espíritus lunares ↔ Luciferinos

Desideratividad       desarrollo del sistema nérveo-sanguíneo  ↔ Deseo

Los principios

Espíritus de orden superlativo, entonces moradores de Venus: instructores de los arcángeles, denominados en el valle del Indo: Asuras; y, así proyectando su deseo, consiguen encarnatizar formas etéricas, visibilizándose a las entidades inferiores. Son estos Principios “insufladores” de <la inteligencia sideratográfica>.



Sentido de lo divino       Emergencia de la conciencia    Evolución noética

Rudimentos primevos del lenguaje articulado

Pasión concupiscente ↔  Separación de los sexos    Caos

Forma mental egregórica en correlación al fuego inmerso en la esfera interna, la cual, a través de una suerte de turbación pasional, infunde, en la inteligencia ígnea, un correlato, mismo que, propicia la eversión del continente.


Dimensión conclusiva

Monsieur Stainer: desvelar no sin asombro su recorrido exegético, cuyo tenor está afortunadamente constelado de figuras hierofánticas, de lo que, los ignaros denominan <mitósfera>, sin llegar a aducir la riqueza de cada complejo figurativo, ha sido más que una fruición, un reto.

Así, el aludido desafío estribó en emplazar en su debido y pertinente paralelismo exegético, otra explicación cuya atildadura semántica concibe a la conciencia como protagonista actancial y dinámica.

¿Por qué motivo? Lo que su merced describe como “los planos evolutivos de la filogenia cosmogénica”, mi natural lo coteja en tanto <proceso individuante de la morfología esciente> o, en otros términos, la desenvoltura de la consciencia (hominal) en su travesía por sus variopintos tamices y matices de suficiencia proyectivo-asimilativa.

De esa cuenta, la primigeneidad de su evolución cósmico-anatomista, se equipara al surgimiento de la conciencia en su estadio primordial, léase, el desarrollo reflectivo de la conciencia macrocósmica, tras la cual, acaece la   involusión hacia la inteligencia microcósmica, de análoga manera a una <precipitación> de índole flogística, sino química.


En la jerarquización de estas concepciones, se sabe preciso elucidar la dimensión de lo cognitivo en tanto <estado>, no inadvirtiendo que, a este término le corresponde la significación del traslado de dos potencias, cuya mediación se suscita merced a un intercambio, el cual, en el caso aquí concerniente lo comprende el contenido cognitivo en correlación con el continente cognoscitivo o bien, objeto vs sujeto.

Por tanto, en este recorrido se pone al descubierto la relación entre lo que percibe, el objeto de la percepción y la percepción: línea transversal al través de la cual discurre la individuación como un proceso, en el cual, más que aguzarse la suficiencia epistémica, se anudre y merma al grado de advenir una dispersión fragmentaria.

De esa cuenta, la subjetividad se objetiviza y, de simétrica manera, la objetividad se subjetiviza, al punto inoptativo donde, el sujeto subsume al objeto y éste a aquel, tras lo cual, ambas zonas devienen una sola e unívoca esencia esciente de percepción trascendente.


Nada percibe la eseidad hominal,
cuanto que es percibida…, nada
intuye, cuanto que es intuida…,
nada piensa, cuanto que es
pensada. Lo que denominan
Conciencia se sabe la
consecuencia del reflejo reflectivo
cuyo reflejo a sí mismo se
refleja, reproduciendo así
todo aquello que no es, empero
que lo aparenta.

J.M.G











[1][1] Girón de Paz, J. Maha Kali. La énstasis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario